Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

2 de Agosto de 2017

Pido un deseo para… Massiel

Massiel gana cada año Eurovisión, porque ella es un trueno, y porque es la que mejor cuenta y canta al respecto. El ‘La, la, la’ es mucho ‘La, la, la’, y Massiel es la Massielona. Ahora cumple 70 años este 2 de agosto y, más allá de Eurovisiones y de cumpleaños de alta cumbre, lo que uno aprecia es que Massiel está más viva que nunca. Aunque ella viva, o vivísima, lo ha estado siempre, porque yo sospecho que Massiel ni duerme.

Me gusta escribir que le ha puesto voz de oscuro énfasis a la lírica de Goytisolo, entre otros grafómanos inmortales, y que ha cantado subida a un tractor, en la Cuba revolucionaria. Massiel, a veces, tercia en las tertulias de la tele, y le mete marcha y memoria y adjetivo a la cosa, con lo que ya la llaman muy poco, porque en la tele funciona la media cháchara de salfumán, y punto.


Estamos ante una artista con galones desde cuando a Eurovisión iban cantantes. Quiero decir que Massiel siempre está ahí, con su genio de la Gran Vía, su melena de atropello y su anécdota siempre a punto y bien bordada, porque ha vivido, y lo sabe contar. Sus hombres oficiales han sido Pablo Lizcano, Luis Recatero y Carlos Zayas, aunque su hombre primero es su hijo, Aitor Carlos.

Massiel acierta cuando exagera, y exagera mucho, como Sabina, pero con escote. Hace discos con letras propias, y luego enrama los nombres de Luis Eduardo Aute, Cecilia…  Hemos alternado mucho, durante años, en las mañanas de Susanna Griso, y siempre era Massiel un manadero de ocurrencia vital y desmelene verbal. A mí me mola, lo que pasa es que a veces no te deja dar ni los buenos días. Alguna vez escribí que vivía en aledaños de la calle Montera, “entre rameras y tatuadores”, y me celebró el apunte paisajístico. No habrá otra.

“Ojalá la llamen más para la tele porque es de las que administra finamente el párrafo y el veneno”

La Rosa: Debiera escribir sus memorias, porque hay mucho y muy personal capítulo, en lo social, y también en lo artístico. Puede decir
“Yo estuve allí”. Y ojalá se atreva.

El látigo: Resulta que tiene tanto talento sin brida que a menudo pasa rápido de Massiel a Massielona, y no es que aburra, sino que desborda.

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25 de Julio de 2017

Jorge Javier Vázquez cumple 47

Entendió pronto que la tele es un vecindario contrario al periodismo, y por eso en la hemeroteca biográfica nos sale que Jorge Javier Vázquez es presentador, y empresario, y actor. Pero cuesta encontrar que es cronista, un oficio en el que yo le conocí, donde perpetraba entrevistas de colmillo y retratos de aguafuerte. Han pasado muchos inviernos y ahora Jorge cumple 47, el día 25, que no sé yo si le hará mucha o poca gracia, desde cierto espíritu de folclórica que él gasta, para bien, y para mal.

Jorge Javier Vázquez

Yo a Jorge Javier le veo una figura de las variedades, y alguna vez he escrito que ha cuajado una rara suerte de presentador donde incluye a un domador, a una vedette, a un cómico y a un ocurrente con lecturas. A veces se rodea de buena chusma, con la que sólo comparte la camisería de disparate, y a menudo ni eso. La ocurrencia le brota con naturalidad, aunque él tiene más alma en la sensibilidad que en la infamia. Le dieron un Ondas, y le montaron un guateque crítico, pero él siguió a lo suyo, que es trabajar mucho.

Tiene cátedra en la travesura de cámara, y va al tajo como el que va al recreo. He aquí una de las claves de su éxito, aunque su éxito no tiene otra clave que su personalidad distinta y su risa desabrochada, que es un poco o un mucho una risa de imitador de sí mismo. Le da con naturalidad al cinismo, y no perdona una chaqueta de cantante, porque tira de él un atrevimiento de cabaret, y no la elegancia bien planchada de los chicos pulcros de la tele. Gusta mucho, o no gusta nada, pero ha impuesto un gesto propio, un vacile de sello, un lenguaje de ocurrente que se toma el cachondeíto en serio. No es que salga mucho en la tele, es que no sale de la tele, donde parece que está de vacaciones, el tío. Le ha quitado podio a los guapos, lleva el reloj de las reuniones de desorden, torea fino a los famosos de trimestre.

Jorge Javier Vázquez

“Ojalá nunca pierda la vocación de felicidad, que es la que le anima en la vida, y en el trabajo”

La Rosa:
Alguna vez ha declarado que compartió el plató con “lo mejor de lo peor”. Pero él nunca desatendió la sintaxis, o el diccionario, dos vicios raros en las tribus que él frecuenta.

El látigo:
Asombra el despliegue laboral. A veces va siendo más fácil saber en qué programas no está, como si hubiera varios Jorge javieres que no se quieren ir a casa, y ahí siguen en la tele, cumpliendo horas extra.

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