Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

7 de Junio de 2017

Esta semana… los 52 Cristina de Borbón

Con la infanta Cristina hemos aprendido que el amor no es un eximente legal. Aunque por amor bien puedes verte en un jaleo como la copa de un palacio, y toparte de frente con la Ley. Es el caso. Que parece que ya se ha acabado, pero que empieza, porque ahí está Don Iñaki, a la espera de cumplir condena. Pero esto es otro caso, el “Caso Nóos”.

Hoy no hay condena a cumplir, sino años. Porque la Infanta cumple 52 el 13 de junio. Desde hace unos años es una ausente muy presente, porque el gentío está al acecho de si asoma o no en las cosas de la monarquía, con lo que amarga un poco o un mucho la foto a Don Felipe, o a quien toque. Desde hace unos años, hemos entendido que es mujer a la antigua, porque no se enteraba de si hacía o deshacía su marido. A la antigua, sí, porque ella firmaba aquí y allí, ciega de amor.

El Rey revocó en su momento el título de duquesa de Palma a su hermana, y Doña Cristina aseguraba que la iniciativa era de ella misma, vía epístola. Pidió que la titularan ex duquesa justo cuando ya estaba en marcha todo el papeleo de la extinción de la titulación. La carta circuló por ahí, y vimos que la prosa, pretendidamente aclaratoria, encubría un cabreo. Era como un tuit pero en papel timbrado.

Felipe VI tuvo que regalarle aquel papeleo crudo, porque no quedaba otra. La monarquía tenía que ganarse una foto de pulcritud, y en ese encuadre de nueva época sólo cabían Don Felipe, Doña Letizia, y la descendencia dorada. Y así hasta hoy. La Infanta ha sido “un martirio” para la corona, y luego una chica de tesón que acompaña a su marido hasta el infierno, si hace falta. Ahora cumple ya unos años y lo mismo se toma un día de fiesta, que es como poner su vida entre paréntesis. Al menos, un rato.

“Ojalá el futuro le sea leve. O sea, ojalá que el pasado acabe pronto”

La rosa: Ha sido la primera Infanta de España que se ha sometido al interrogatorio puro y duro de un juez. Ha tenido a la familia, o sea, a la monarquía, en un susto.
El látigo: Lleva con el gesto torcido, y duro, su apartamiento de los oficios de familia. Pero qué se le va a hacer. Entre ser Infanta de España, y ser consorte amantísima de Urdangarín ha preferido esto último.

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1 de Junio de 2017

Pido un deseo para… David Bisbal

Lo de ‘OT’ lo ganó Bisbal, y no Rosa, porque el que ha hecho carrera de campeón ha sido David. Ya no es sólo un cantante, sino un atleta de la popularidad. Igual te anuncia un botellón de Freixenet que saca disco, o viaja tres océanos para un rato de causa benéfica. Eso, y que hasta saca rato para casarse sin casarse con Rosanna Zanetti, su amor en curso. Lo que vemos en Bisbal es, sobre todo, que el chaval se organiza. Está en todos sitios, con más simpatías que genialidad, pero está, que ya es mucho. No parece un artista, sino varios. El 5 de junio cumplirá 38 años, y seguro que Rosanna le pone una postal enamorada en Instagram, y seguro que se emociona cuando le felicite su hija Ella, con el dibujito o la foto pertinente.


Bisbal se lo ha montado de Ricky Martin de Almería, pero con más rizos y menos gimnasio. En alguna época, recayó como guaperas de Miami, y allí mismo se buscó los amores convenientes o inconvenientes. Recordemos que tuvo noviazgo con Raquel Jiménez, y luego vivió un amor de dinamita con China Suárez, que fue una monada con tanto morbo como poco futuro. Tras dar portazo a Chenoa, encontró a Elena Tablada, que duró lo que duró. Pero quedó una hija emocionante y próspera, que acaso es la primera mujer de este hombre que lo ha sido de varias mujeres. David Bisbal, así en general, es un tipo vitamínico que se ocupa de caer bien. Y lo logra. No diré que tiene un cancionero que emociona a los melómanos rigurosos, pero se lo ha montado y está en el escalafón de estrellas. Ha evitado el triunfo de resultar el timbre de los móviles, el éxito de ser el chico de las verbenas del verano. O sea, que ha sobrevivido a la carrera sin carrera de los fracasitos. Ha logrado el más difícil todavía: no llegar, sino mantenerse.

“Ojalá el inmediato futuro se parezca al inmediato pasado. O sea, que la felicidad no decaiga”

La rosa: Prefiere la discreción en sus noviazgos, porque es mejor así, según nos cuentan quienes le aprecian. Aunque tampoco esquiva la novedad sentimental, cuando toca.
El látigo: Se aprecia a menudo que le importa mucho quedar como David, y no tanto como Bisbal. Cultiva la imagen de antidivo, pero a veces tanto buen rollito empalaga.

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