Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

10 de Marzo de 2017

Pido un deseo para… Vicky Martín Berrocal

El día 11 de marzo cumple 44 años, y ya va siendo hora de que Vicky sea Victoria, que es lo que pone en su ‘deneí’, por otra parte. Ya es hora de abandonar el diminutivo, que va bien para chiquillas de poco trazo o cursis no tan chiquillas, pero no para hembras de fuerte alzada, como ella. Queda poca Vicky en ella, la verdad. Ya es hora de ser Victoria, con uve alta de hembraza bien plantá.
Victoria derrocha las gracias de las nacidas a orillas del Guadalquivir, tiene el morbo de las bailaoras, y viene paseando una estatura de morena de verdes lunas, muy anclada de caderas, a la que seguro que no le falta un coro de piropos en cada esquina. No va para mujer maravillosa de torero, sino que viene de serlo. Casó, si ustedes recuerdan, con un primer espada, Manuel Díaz, que ha sido la alegría de la huerta del escalafón. Luego tuvieron un bebé y se separaron por lo civilizado, para cabreo de las cotillas de barrio y desesperación de las malvadas de la ‘telerrosa’, que suelen preferir que las parejas se abran el cráneo con las cacerolas del ajuar.


Tuvo un rato de pasarse a la afición del Betis, porque ennovió con Denilson de Oliveira, un pichichi brasileño, hoy olvidado, y luego cambió el fútbol por la hípica. Se acabaron las carreras por las bandas de la liga sentimental de la madrugada, regateando paparazzi, para empezar otro trote, u otro galope, a lomos del renovado alazán del amor, el jinete Álvaro Muñoz Escassi, al que don José Luis, aquel padre memorable de Victoria, aún Vicky, nos definió en su día como “un chaval muy pijo”. De aquello a hoy ya ha llovido. Y algunos otros hombres ha conocido y quizá olvidado. Pero que le quiten el trote o galope, que acaso es la felicidad. Vicky, aquí va de regalo el nombre que ya tienes, Victoria. Seguro que te gusta.

“A ver si al fin Vicky se hace llamar Victoria, que es lo que le va a un torreón de mujer como ella”.

La rosa: Tiene el alto mérito de llevarse con el ex como con un hermano, y eso es notición en un país donde el desamor acaba en un plató o en un juzgado. O en los dos sitios.
El látigo: Es Victoria la musa que hoy hubiera escogido Julio Romero de Torres, una española del sur que igual diseña modelazos de pasión que se sube a la pasarela a lucirlos.

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1 de Marzo de 2017

Pido un deseo para… Javier Bardem

Javier Bardem ha cumplido una filmografía de oro, y un matrimonio, y dos hijos, y ahora cumple años, 48 concretamente, en este 1 de marzo. Cuando ya no se casaban ni los gays, fue él y se casó con la chica de la película, Penélope Cruz, que encima tiene Oscar. La boda la montaron en la Bahamas, por lo secreto, y se preparó un acontecimiento sin que se enterase ni el cura, aunque en el caso que nos ocupa sospecho yo que no había cura. Bardem es el mejor actor de España, y el marido planetario de Penélope, un esposo que nunca habla. Y quien dice esposo dice padre. Javier, en lo personal, practica la callada por respuesta. Él sigue fiel a su estilo, que es poner cara de púgil y sólo abrir la boca si se alude a su trabajo.

Con Bardem, o se habla de cine, o bien te ahorras la visita. Nos gustará o no nos gustará, pero el tío no cambia de maneras. A uno esto hasta le parecería bien, salvo que a veces Javier se descuelga con algunas generosidades de confesión, ante la prensa extranjera, que nunca se gasta aquí. Él sabrá, pero percibo que se va ganando ciertas antipatías, acaso innecesarias. Tengo a Bardem por un macho de talento, y, a resultas, me cuesta levantar una voz de censura o reproche contra él porque no dé una foto del álbum de boda, o el parte del parto de su chica. Parece que no, pero es un elegante, sólo que un elegante a su pesar. En él la gente ve a un actor imbatible, o a un tipo cabreado, pero en él nadie ve nunca a un elegante cruzado de macho de barrio, o al contrario, y esto también conviene reseñarlo, porque el elegante no suele ir muy sobrado de macho, la verdad. Hay en él más cabeza que traje, eso sí, más perfil de tipo duro que esmoquin de competición. Gustará o no, pero no tiene igual.

“Queremos para Bardem la novedad sin novedad. Que le siga yendo de cine la vida”.

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