Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo » De todo corazón

Posts en la categoría 'De todo corazón'

12 de abril de 2018

‘‘Ojalá le dure una eternidad la soltería’’

Alessandra Ambrosio vive en la copa de un ramo de brasileñas que prorrogan y prestigian el fenómeno de las top models. A finales de los noventa, ella, y otras compatriotas, como Gisele Bündchen, Adriana Lima, Ana Beatriz Barros o Fernanda Tavares, cumplían de relevo de Claudia Schiffer, Naomi Campbell o Cindy Crawford, todas inolvidables, por otra parte.

Alessandra  viene bajando ya la marcha a su carrera, que es carrerón, y cumple 37 años, el 11 de abril. Será, además, un cumpleaños de soltería, porque acaba de separarse de Jamie Mazur, un empresario con el que ha compartido pan y techo durante trece años, y con el que ha tenido dos hijos, niña y niño, Anja y Noah. De modo que toca una temporada de soltura, que ojalá le dure algunas eternidades, porque la vida de solteras así alegra mucho las crónicas.

Ha sido un ángel mayor en la alineación del show de Victoria’s Secret, ese carnaval de maniquíes millonarias y a todo tanga. Ser ángel de Victoria’s Secret es como ser miss Universo, pero con lencería en lugar de corona, con mínima corsetería fastuosa de coronación de ángel o arcángel sexual. Ella es figura mayor en estos desfiles de ángeles más bien diabólicos, de los que se despidió en la edición pasada. Es como si se va Neymar de la selección brasileña, pero de otra manera, obviamente. Alessandra ha sido una musa que se reparte en las firmas del lujo mundial, logrando que su belleza se aúpe en medio de la belleza en general de las chavalas de su gremio, que están todas entre el monumento y el milagro.

Alessandra se ha logrado distinta en un oficio donde la hermosura es una rutina. Dicen que factura más de cinco millones de euros al año. Cuando sale de escueto encaje, a la pasarela, vale aquello del poeta: “Nadie dudará de su mágica hermosura, pero sí de su existencia”. Aunque existe. Como que cumple 37.

 

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5 de abril de 2018

“Ojalá nunca descuide el dandismo de la discreción”

Jaime de Marichalar es un hombre de retrato de óleo, y no cabe en las fotos de fiestas que le hacen. Es lo contrario a un famoso de garrafón. Fue marido de la infanta Elena, durante cinco años, y ahora es lo de siempre: Jaime Rafael Ramos María de Marichalar y Sáenz de Tejada, lo que pone en su “deneí” de hombre viajado y viajero.

En ese documento pone también que nació el 7 de abril de 1963, con lo que va cumpliendo 55 primaveras de señor que siempre lleva una pashmina, por estampa, y acaso por algún frío no ambiental sino interior. Él es hombre de pensar, que a veces es padecer, que a veces es como si llevaras un invierno dentro. A Marichalar le cuadra mucho el don, o sea, el don Jaime, por alto, y por serio o ensimismado. Vive de divorciado con sentencia de tal, y con el divorcio regresó al rango de particular, pero de particular dandi, que es como lo conocimos, antes de que se casara con la hermana de Felipe VI.

A don Jaime le sacaron de la web de la Casa Real, y le sacaron también del Museo de Cera, para llevarle a un almacén. De manera que ambas cosas nos daban la imagen de aquel Jaime, que es un poco o un mucho el de hoy, huérfano de fotos palaciegas y hasta de algunos cargos porque cesó de consorte. A Marichalar, hoy, con la que está cayendo, el gentío lo suele ver como un ejemplo de discreción, aunque le critican a veces su albedrío indumentario, que yo encuentro elogiable, incluso.

Se han dicho de él infamias, pero yo le he visto siempre muy pendiente de sus hijos y de su salud. Aguantó los chaparrones de embustes sobre las causas de su isquemia bebiendo agua mineral y no descompuso nunca el perfil quieto de una aristocracia que él lleva por dentro, tenga o no el título de duque en vigor. La elegancia es un modo de estar es un cóctel. Pero también de no estar. Él lo sabe desde siempre. Felicidades.

La rosa: Don Jaime come fuerte, no fuma y pasea una suerte de tristeza que parece ensimismamiento, o al contrario. Su mayor contento está en sus hijos. Y también su mayor preocupación.
El látigo: Lleva pulseras hippies, casi hasta el codo, y un peluco que es un alhajón. No es dandi porque vista impecable, sino porque los ortodoxos nunca dirán que va “bien vestido”.

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