Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo » Pido un deseo para… Francisco Rivera

3 de enero de 2018

Pido un deseo para… Francisco Rivera

Francisco Rivera fue primer espada del escalafón de matadores de mucho mérito, fuera de la plaza. Hasta que se casó. Quiero decir hasta que triunfó de boda, en Ronda, con Lourdes Montes, una chica hermosa, plácida y lista que bien puede recordarnos aquel lema de quienes practicaron la vida agitada: “Cuando de pronto aparece la mujer, se acabaron las mujeres”. Apareció la mujer, Lourdes, y desde ella, todo seguido, hasta hoy, cuando Francisco es un marido orgulloso, un padre dedicado y un torero en retirada que ejerce la lidia de opinador, en las mañanas de Susanna Griso. Eso, abreviando.

El día 3 de enero cumple 44 años nuestro hombre atareado. Yo torero lo he visto siempre, aunque ahora está lejos de ese arte, porque se nace torero para siempre. A él la esencia le viene de estirpe, y le gusta recordarlo. Hace bien. Enseguida se le encampanan mucho los antitaurinos, porque Francisco tiene tirón de archifamoso, y porque le gusta la media verónica de polémica. Ha llegado a la elegancia de no hacer nunca tertulia de sus amores pasados, ilustres, o no tanto, aunque yo he venido viendo en la montera su amante primera y última. Le dieron, en su día, la Medalla de Bellas Artes, y algunos de su gremio difícil, pegaron un respingo, los muy puros. Pero le dieron la Medalla, y él se dio a sacar pecho de contento. Hizo bien, una vez más.

Ya digo que pudiera haber dos Franciscos, abreviando su biografía abierta de joven que ha hecho muchas cosas. Un Francisco primero, primaveral de romances, y luego el Francisco templado, serio y quieto en un amor, Lourdes, que es más o menos el Francisco de ahora mismo, un tipo de madurez que va a hablar claro a la tele y da charlas sobre el miedo. Lo que pasa con Francisco es que lleva el traje de luces, aunque no lo lleve. Yo creo que lleva un rato largo de estar dando la vuelta al ruedo de un gran momento.

La rosa: Tuvo la vida en juego, tras una cornada, en Zaragoza, y estuvo muy torero pidiendo a los médicos irse a Sevilla, peligrosamente convaleciente, porque nacía su hija Carmen.
El látigo: No hay en el panorama dos hermanos de tanto trueno y tronío como los Rivera, Francisco y Cayetano. Nunca sabremos quién de los dos tiene éxito mayor, o mejor lámina. Y ni falta que hace.

“Que la dicha te persiga, torero”

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Publicado en la categoría: De todo corazón

1 Comentario

  • 1. Violetera | 8 de enero de 2018 a las 9:40

    Siempre me ha gustado cómo escribes. Pero se me olvidó que existía este blog. Espero visitarlo ahora de vez en cuando.

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