Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo » 2018 » enero

Archivo para enero de 2018

15 de enero de 2018

‘‘Ojalá la Justicia hable pronto para Iñaki Urdangarín’’

Iñaki Urdangarin es un señor que siempre sale en la fotos de la familia real, pero sin salir. Quiero decir que un día Don Juan Carlos le dio, al fin, el susto necesario de autoridad, y le apartó de las actividades oficiales de la Casa Real. Y desde entonces, todo seguido hasta hoy.

Hace cuatro tardes, hubo foto del 80 cumpleaños de Don Juan Carlos, y faltaron Iñaki y la infanta Cristina, pero no faltaron, porque a la vista de la foto se habla más de los ausentes que de los presentes. El ausente, tan presente, cumple 50 años el día 15 de enero, y habrá que celebrarlo en firme, porque la cifra, medio siglo, obliga, y porque quizá la vida le cambie mucho a Iñaki, de aquí a nada, por obra y gracia de la justicia. La Justicia deseamos al fin rápida, por él, y por el resto de mortales, que no salimos del cabreo, por unas cosas, o por otras.

Iñaki nos salió un señor prodigioso que hablaba todos los días en los periódicos, zona sospechas, sin decir nada, y un indignado de última hora, sin tienda de campaña y con casoplón en Washington, y luego en Bruselas, donde hubo a veces guateque de paparazzis. Arriesgaríamos también que Don Iñaki es un señor que un día se dedicó con mérito a la pelota y luego se dedicó con afición al pelotazo, si no mienten los datos publicados hasta hoy a propósito de su oficio de presidente de la Fundación Nóos, que se supone que no tenía ánimo de lucro. No le condenaremos antes de tiempo, porque lo nuestro es contar, y no juzgar. Pero el lío es de campeonato, y el Rey emérito lo vio clarísimo, y el Rey en curso también, porque tomó medidas semejantes, o idénticas.

El yerno ideal se ha quedado en yerno, en fin. Pero yerno a distancia. Intuyo yo que a Iñaki no se le va a olvidar el año en que cumplió medio siglo.

La rosa: Iñaki y Cristina son unos enamorados con cara de disgusto, pero están juntos contra todas las mareas, empezando o acabando por las mareas del Juzgado.
El látigo: La infanta y su marido han dado trabajo extra a la Casa Real, que les sacó de los retratos, y de la web oficial. Fue como hacerles de pronto extranjeros.

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3 de enero de 2018

Pido un deseo para… Francisco Rivera

Francisco Rivera fue primer espada del escalafón de matadores de mucho mérito, fuera de la plaza. Hasta que se casó. Quiero decir hasta que triunfó de boda, en Ronda, con Lourdes Montes, una chica hermosa, plácida y lista que bien puede recordarnos aquel lema de quienes practicaron la vida agitada: “Cuando de pronto aparece la mujer, se acabaron las mujeres”. Apareció la mujer, Lourdes, y desde ella, todo seguido, hasta hoy, cuando Francisco es un marido orgulloso, un padre dedicado y un torero en retirada que ejerce la lidia de opinador, en las mañanas de Susanna Griso. Eso, abreviando.

El día 3 de enero cumple 44 años nuestro hombre atareado. Yo torero lo he visto siempre, aunque ahora está lejos de ese arte, porque se nace torero para siempre. A él la esencia le viene de estirpe, y le gusta recordarlo. Hace bien. Enseguida se le encampanan mucho los antitaurinos, porque Francisco tiene tirón de archifamoso, y porque le gusta la media verónica de polémica. Ha llegado a la elegancia de no hacer nunca tertulia de sus amores pasados, ilustres, o no tanto, aunque yo he venido viendo en la montera su amante primera y última. Le dieron, en su día, la Medalla de Bellas Artes, y algunos de su gremio difícil, pegaron un respingo, los muy puros. Pero le dieron la Medalla, y él se dio a sacar pecho de contento. Hizo bien, una vez más.

Ya digo que pudiera haber dos Franciscos, abreviando su biografía abierta de joven que ha hecho muchas cosas. Un Francisco primero, primaveral de romances, y luego el Francisco templado, serio y quieto en un amor, Lourdes, que es más o menos el Francisco de ahora mismo, un tipo de madurez que va a hablar claro a la tele y da charlas sobre el miedo. Lo que pasa con Francisco es que lleva el traje de luces, aunque no lo lleve. Yo creo que lleva un rato largo de estar dando la vuelta al ruedo de un gran momento.

La rosa: Tuvo la vida en juego, tras una cornada, en Zaragoza, y estuvo muy torero pidiendo a los médicos irse a Sevilla, peligrosamente convaleciente, porque nacía su hija Carmen.
El látigo: No hay en el panorama dos hermanos de tanto trueno y tronío como los Rivera, Francisco y Cayetano. Nunca sabremos quién de los dos tiene éxito mayor, o mejor lámina. Y ni falta que hace.

“Que la dicha te persiga, torero”

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