Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo » ‘‘Ojalá Ortega Cano pronto se arregle su mal primero, de nombre José Fernando’’

27 de diciembre de 2017

‘‘Ojalá Ortega Cano pronto se arregle su mal primero, de nombre José Fernando’’

Ortega es un catedrático en pérdidas, un profesional del naufragio. Perdió a Rocío Jurado, perdió después a su madre, doña Juana, y así se fue quedando huérfano de mujeres, salvo Gloria Camila, la hija, y Ana María Aldón, un amor último y reciente. Parece, con Ortega, que ya ninguna temporada va a ser su gran temporada, pero lo mismo sí. De momento, cumple 64 años este 27 de diciembre. Quizá pueda darse en él el tópico de año nuevo, vida nueva. Y no lo digo porque le toque torear un mal miura de futuro, sino porque ahí tiene el gran problema del chaval José Fernando, que ha salido torcido de terquedad, y rebelde sin causa. Ortega ha hecho al respecto lo que puede, y más. Me consta.

Al morir Rocío, Ortega fue, durante un rato largo, “presentes sucesiones de difunto” –según el diagnóstico de Quevedo–, un difunto muy vivo que a veces se pluriempleaba de bailón en la tele o salía en defensa propia a la arena de la corrala de la telerrosa, donde le han tuteado como a un friki. Ortega no quiso abandonar el toreo, para inquietud de su familia, y tampoco va a abandonar el toreo del dolor, que es un miura que no perdona, aunque pierda embestida con el tiempo. Estuvo en la trena, y tras cumplir condena le vimos salir con otro espíritu, con mucho del espíritu perdido. Ortega, según miremos, tiene biografía de viudo, pero tiene compañera próspera, Ana María Aldón, que sale poco en los papeles. A Ana María la adornaron de “educada y decidida”, o de “distante e interesada”, según quien terciase en el asunto, y terciaba mucho vecindario. Con ella tuvo un hijo, y fue así padre dos ratos antes del juicio histórico por homicidio imprudente, que resultó un juicio party, y un duro parto. Conozco a Ortega, y arriesgaría que aguanta, pero hasta que ya no aguanta más. Ortega, en fin, es un torero de museo, y tiene una torería variada, que incluye un repertorio largo de medias verónicas para contestar sobre la familia.

José Ortega Cano

La rosa: Hubo un tiempo, no remoto, en su vida en el que el maestro andaba perseguido por una suerte de rara fatalidad, entre marqués enfermo y galán sin romances. Y se repuso.
El látigo: Ha tenido temporadas de plató. Fue éxotica su participación en la discoteca de la tele de Anne Igartiburu. Entró como un Travolta de la pena, y se libró de ser una pena de Travolta.

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Publicado en la categoría: De todo corazón

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