Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo » Pido un deseo para… Leticia Sabater

14 de junio de 2017

Pido un deseo para… Leticia Sabater

Fue, hace siglos, azafata alegre de la Vuelta Ciclista a España. Y así, pedaleando, como a lo tonto, casi, pero ya sin bici, se metió en el jaleo de la tele y llegó a convertirse en el motor de la infancia, pero motor de meterle a veces mucho calentón a la afición. Parece mentira que haya brincado ya el medio siglo, pero así es, porque cumple 51 años de trote el día 21. En la cosa televisiva, durante una primera etapa, fue Leticia algo así como un Michael Robinson con corpiño y tintes. A nada de abrir la boca, añadía un nuevo vocablo al castellano.

Pertenece, como algunas folclóricas, a la cultura del error. Las erratas, en ella, eran un hallazgo, como en Carmen Sevilla, sólo que de otra manera. A veces, si la escuchábamos, parecía Leticia extranjera, por sus traspiés de sintaxis. Leticia ha cumplido de musa memorable de la infancia que dura muchos años, y hasta vivió un tiempo aupada al grito de “a mediodía, alegría”. Qué tiempos.

Luego, se ha pluriempleado en la tele de náufragos, o bien en la de trifulca, donde le da mucha marcha al cabreo moviendo las mechas. Cuando se pone, no tiene precio. Recuerden, si no, aquel hit que aspiró a ser canción del verano, “La salchipapa”. Antaño, fue esposa en crisis de un tal Morgan Fernández, de profesión sus gominas, y yo siempre pensé que aquello de Leticia y Morgan iba para largo, porque cada uno vivía en una ciudad, y Leticia entraba y salía sola de las discotecas. Hasta posó, por aquellos años, junto al socorrido árbol de Navidad, que a menudo da menos disgustos y más sinceridad que el mozo de tu vida.

Leticia, a veces, parece que ha tomado muchas vitaminas, incluso para el cabreo. Yo le he deseado siempre lo mejor, siquiera como tributo a los viejos tiempos, que acaso fueron mejores. Pero ahora aún más. Lo mejor, sí. Que ahora que lo pienso no sé si es que se quede como está o fiche como guionista auxiliar de otra célebre creadora, Ana Obregón.

‘‘Ojalá se siga tomando en serio las cosas que poco importan

La rosa: Fue, durante temporadas, una musa de alegrarle la vida a la infancia, desde la tele. Hasta que pegó el estirón, y se pasó al plató de desmadre.
El látigo: Diríamos que Leticia es una rubia única. Para pija de libro le falta peluquería. Y para hippie de espíritu, o chica zen, le faltan lecturas.

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Publicado en la categoría: De todo corazón

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