Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

24 de agosto de 2016

Rosa anima a la superación

Rosa López ha puesto en las redes un pregón de ánimo a las mujeres, bajo el lema “ve y escala esa maldita montaña”. Se acompaña la cosa con dos fotos de Rosa, una de cuando era una Caballé de barrio, y otra de sílfide de corseterías, que es lo que es ahora. Rosa ya ha escalado esa montaña de mirarse en los espejos, y no pillar un disgusto.

Rosa López

Rosa nos moló enseguida, por gordita, en su día, y ahora nos mola porque no lo está. Eso, entre otros motivos. Rosa es un ejemplo de superación, pero no sólo en la afinación larga de su lámina, sino en las variedades de lo profesional.

Rosa López

Siempre supimos que cantaba, y luego se metió en coreografías de la tele, y de tanto darle al chachachá acabó con el diploma de bailona de prime-time. Y al paso de todo, se iba logrando una figura de fina estampa. Siempre tuvo la fe en su voz de relámpago, pero también el miedo al susto de báscula. Le sobraba repertorio, pero le faltaba poder ponerse un biquini, alegremente, para las fotos.

Se ha encumbrado como guapaza popular de portada, sin dar un escándalo, y siempre bajo la noticia de ganar un concurso de cante o baile y, de paso, de ganar la pelea de bajar unos kilos, que en ella eso fue notición a menudo. La maldita montaña a la que ella alude, en su mensaje de mucho afán.

La conocimos de niña más bien llorona, muy abrochada de complejos, en el show de ‘Operación Triunfo’, y luego atendió a cientos de periodistas en ruedas de prensa, tipo joven Pantoja, pero en versión virgen y casi mártir. Las entrevistas casi tuvo que darlas subtituladas, porque la entendíamos regular, pero su mensaje fue siempre la simpatía, y para eso basta poco castellano.

Rosa López con David Bustamante y David Bisbal

Logró que el ‘Europe’s living a celebration’ fuera el hilo musical de España. Cuando todo le iba a tope, tuvo que pedir una baja por amor a ella misma. Ahora ya se quiere, o sea, que se gusta. De ahí que cante en Twitter como pluriempleo de morena de la autosuperación. Lo pregona desde lo alto de la montaña.

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17 de agosto de 2016

Rafa y Mireia, la pareja del verano

Lleva ya un rato largo Rafa Nadal en los altares del tenis, en particular, y del deporte, en general. En lo de Río nos ha salido campeón de todo, aunque ha perdido algún partido. Eso da igual. En la piscina de esos Juegos Olímpicos tenemos a Mireia Belmonte, que es otra barbaridad. Son dos portentos que, encima, no nos pueden caer mejor.

Hace unos pocos años, Mireia entrenaba bajo callada y clara adversidad, y su triunfo, hoy, tiene un valor incalculable, porque a las sirenas las cuidamos poco, o más bien nada. Salvo cuando la sirena trae medalla. Entonces hasta la premiamos con un spot. La billetería y el elogio suelen ser para los futbolistas, y tampoco es eso. A Mireia, hace nada, le costaba reunir la financiación potable para el entrenamiento de su natación de oro. Traigo esto aquí como detalle que reavala su afán grandioso, y a ver si así les vamos dando lo mejor a nuestros atletas que no están en la Champions.

Mireia Belmonte, oro en los Juegos Olímpicos de Río

Rafa y Mireia son dos prodigios españoles que nos han traído el gozo en lo alto de agosto, cuando los políticos aburren y los culebrones incluyen de nuevo a José Fernando, que recae. Nadal es un titán con trato de buen vecino, y sólo gasta encumbramiento con la raqueta en la mano.

Rafa Nadal, oro en los Juegos Olímpicos de Río

Mireia emociona, y cumple el ejemplo raro y difícil de la deportista que nos aficiona para siempre a un género más bien desatendido, la natación. Mireia es un oro en sí misma, y ya hasta le sacamos reportajes con novio, el piragüista Javier Hernanz, aunque él, y ella, están siempre fijos en lo suyo, que es la discreción.

Mireia Belmonte y Javier Hernanz

Rafa y su novia, Xisca Perelló, también están siempre en lo suyo, sin dar un ruido. Xisca resulta un ejemplo de apoyo silente que nada tiene que ver con otras novias o mujeres de deportistas jóvenes del momento, tan pendientes de los focos de consorte. Lo poco que de ella se sabe ya dice mucho. Todo. Algo así viene a ocurrir con Javier, a propósito de Mireia. Son Rafa y Mireia soberbios, y semejantes. Tardará en venir mejor pareja del verano para todos los inviernos.

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