Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

16 de enero de 2017

Las Kardashian, ociosas de contrato

Ha dado explicaciones Kim Kardashian del robo que sufrió en París. Pocas, y tirando a desorientadas, pero las explicaciones vienen a darnos igual, porque aquí lo importante es que la moza regresa al tajo de la fama planetaria, tres meses después, aunque la moza de ese tajo nunca se ha ido. Habla, tras un rato en la inopia, y reanuda programa de televisión. Kim es extranjera, pero eso también da igual, porque ha hecho de su vida un patio donde estamos todos. Las Kardashian son unas guapazas de media avería que no sólo salen en la tele, sino que no salen de la tele misma, porque tienen su propio reality, y lo raro es que todas quepan en un mismo programa, porque son un gentío, de tanto que se operan. Se llaman Kourtney, Khloé, Kendall, Kylie, y la citada Kim. Kim, en concreto, tiene un pasado de hemetoreca porno, de cuando era mujer del rapero Ray J., y se hace un selfie casi diario, donde parece otra, pero siempre es ella.

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Kim (en la imagen la segunda por la izquierda) es la más famosa de una familia larga y excéntrica, que se viene forrando bajo el ejercicio de ser famoso y encima parecerlo. Claro que estamos ante el urgente famoso de oficio, como aquí algunas gentes de trimestre de los concursos, sólo que en versión californiana y para toda la vida. La madre, Kris, ha peleado siempre por colocar en el podio del ‘show bisnes’ a sus hijas, y casi con el afán que ella, y sus criaturas, se han tomado en inventar una carrera podían haber cumplido una carrera de verdad. No veo, aquí, algún caso que se parezca, y esto lo digo para bien, y para mal.
Lo de las Campos es otra cosa. Unas Kardashian ‘made in Spain’ animarían más el show que las tristes biografías de las Chabelitas en curso. Alaska y Mario Vaquerizo tienen algo de alguna Kardashian, pero son dos obreros al lado de estas ociosas de contrato. No las inventó la tele a las Kardashian. Existen. Y hasta tienen un hermano, Robert, que es un Paquirrín de Los Ángeles.

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28 de diciembre de 2016

Marta regresa enamorada

Marta Sánchez, que ha vuelto a casa por Navidad, nos trae novedad no discográfica, porque tiene nuevo novio. Se llama Casey Ustick y es un californiano de mucha lámina. Marta es artista porfiada, y a veces le hemos intuido mucha pena abierta, porque encuentra mejor el triunfo en el disco, y no en el amor. Queremos decir que a veces le hemos entrevisto a Marta cierta amargura que quizá era soledad. Ahora viene de Miami, donde vive, y trae novio, Casey, que viene por su parte de San Diego, donde trabaja.
Marta es una apoteosis de rubia, y lo fue de modo supremo, cuando se aupó como la incontestable sex symbol clamorosa del país, aunque a ella eso de sex symbol tal vez le suene a titulación urgente del pasado. Marta fue la chica de Olé, Olé, y ya se veía que más bien a Marta le podía sobrar el grupo musical, y nunca al contrario, porque tenía talento largo y oficio abundante para hacerse una carrera sólida, esperanzada y en solitario. Así fue. Así ha venido siendo.

marta
Tuvo, por decirlo de otro modo, un momento de rubia, pero enseguida se aupó como rubia de todos los momentos, y ahí la hemos disfrutado, temporada a temporada, hasta hoy, como un valor único, sostenido, creciente y a su aire, que canta como los ángeles, pero como los ángeles que tienen el día de la garganta inspirado. Hoy es, Marta, una estrella de lo suyo, y su belleza desprende un aroma de chic insólito en las artistas nacionales, un esplendor de perfume afinado, y no tanto el perfume Chanel número 5, que le cuadra, aunque no sé si lo usa mucho o poco, muy en plan Marilyn Monroe “made in Spain”.
En síntesis: Marta nunca fue flor de un miércoles de portada, sino todo lo contrario. Ahí está su carrera artística para avalarlo, y su popularidad sin circos, y su mérito de rubia que no cesa. Sonaba su voz solista con metal de alma. Sonó y suena. Nunca sabremos si echaba en falta un novio, pero el novio ahí está. Viene del extranjero a casa, por Navidad. Casey se llama.

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