Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

21 de Junio de 2017

Pido un deseo para… Lionel Messi

Lo que pasa con Messi es que hay que rendirse ante su talento. Y da igual que seas de un equipo o de otro. No es que juegue como un diablo inspirado, que sí, sino que el chico es “sublime sin interrupción”, que es lo que Baudelaire, un amigo poeta de Valdano, quería para el dandi. Un sublime que es, por cierto, lo contrario de un dandi, con su estatura floja de bachiller, su carita de embeleso, su barba de náufrago y su aire, en general, de ir tristón a la escuela del disgusto. Nunca un gigante midió tan poco. Ahora cumple 30 años, el día 24. Y enseguida cumple boda con Antonella Roccuzzo, la novia de toda la vida. El acontecimiento (la boda, no el cumple) será en la ciudad argentina de Rosario, donde se conocieron de niños. Para allá irán, con un número desconocido de convidados, y para allá ha viajado ya el traje de la novia, firmado por Rosa Clará, y escoltado por dos agentes de seguridad, como si el vestido fuera uno más de la familia, que sí.

La genialidad es una gracia que raramente sale de la infancia. De ahí que juegue como un niño y salte a cada estadio como a un mismo patio. Es fácil escribir que juega como una figura de PlayStation, y que galopa como un muñequito teledirigido. Se pondera su humildad, fuera del campo, pero eso a uno le da igual, porque un talento así puede comportarse como quiera. Decía Serrat que le gustaba el fútbol porque le devolvía a la infancia. Yo creo que a Messi le pasa lo mismo, sólo que él no ha salido de la infancia e intuyo que se va a pasar de niño genialoide e inspirado toda su carrera. En la copa de los poetas de estadio está Messi, que deslumbra sin interrupción, y es el éxtasis del fútbol, con imaginación, y con gol. Encima, tiene tiempo para casarse. Y para cumplir años sin moverse de la infancia.

La rosa: Hasta ahora, porque se casa, no daba juego en el fútbol sentimental, porque no es Lionel de la tribu de los metrosexuales, y porque la novia es la novia de toda la vida.
El látigo: No hay futbolista de mayor fama, junto a Cristiano, pero es un tipo de perfil bajo, más callado que Andrés Iniesta, que ya es citar. Es un show, pero un show sin ruido.

“Ojalá que siga en forma. Porque a la afición, rival o no, nos gusta el deporte de artista”.

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14 de Junio de 2017

Pido un deseo para… Leticia Sabater

Fue, hace siglos, azafata alegre de la Vuelta Ciclista a España. Y así, pedaleando, como a lo tonto, casi, pero ya sin bici, se metió en el jaleo de la tele y llegó a convertirse en el motor de la infancia, pero motor de meterle a veces mucho calentón a la afición. Parece mentira que haya brincado ya el medio siglo, pero así es, porque cumple 51 años de trote el día 21. En la cosa televisiva, durante una primera etapa, fue Leticia algo así como un Michael Robinson con corpiño y tintes. A nada de abrir la boca, añadía un nuevo vocablo al castellano.

Pertenece, como algunas folclóricas, a la cultura del error. Las erratas, en ella, eran un hallazgo, como en Carmen Sevilla, sólo que de otra manera. A veces, si la escuchábamos, parecía Leticia extranjera, por sus traspiés de sintaxis. Leticia ha cumplido de musa memorable de la infancia que dura muchos años, y hasta vivió un tiempo aupada al grito de “a mediodía, alegría”. Qué tiempos.

Luego, se ha pluriempleado en la tele de náufragos, o bien en la de trifulca, donde le da mucha marcha al cabreo moviendo las mechas. Cuando se pone, no tiene precio. Recuerden, si no, aquel hit que aspiró a ser canción del verano, “La salchipapa”. Antaño, fue esposa en crisis de un tal Morgan Fernández, de profesión sus gominas, y yo siempre pensé que aquello de Leticia y Morgan iba para largo, porque cada uno vivía en una ciudad, y Leticia entraba y salía sola de las discotecas. Hasta posó, por aquellos años, junto al socorrido árbol de Navidad, que a menudo da menos disgustos y más sinceridad que el mozo de tu vida.

Leticia, a veces, parece que ha tomado muchas vitaminas, incluso para el cabreo. Yo le he deseado siempre lo mejor, siquiera como tributo a los viejos tiempos, que acaso fueron mejores. Pero ahora aún más. Lo mejor, sí. Que ahora que lo pienso no sé si es que se quede como está o fiche como guionista auxiliar de otra célebre creadora, Ana Obregón.

‘‘Ojalá se siga tomando en serio las cosas que poco importan

La rosa: Fue, durante temporadas, una musa de alegrarle la vida a la infancia, desde la tele. Hasta que pegó el estirón, y se pasó al plató de desmadre.
El látigo: Diríamos que Leticia es una rubia única. Para pija de libro le falta peluquería. Y para hippie de espíritu, o chica zen, le faltan lecturas.

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