Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

18 de octubre de 2017

Pocholo Martínez-Bordiú cumple 55 años

Durante años, yo pensé que Pocholo era un personaje inventado por ‘Tómbola’, pero resultó que no. Luego vi que existía. Quiero decir que su discurso de kamikaze y su indumentaria de nómada de Ibiza no son obra de un guionista con fiebres sino una manera de estar o de no estar en el mundo.

Pocholo es un Conan del disparate, un Tarzán del exceso, un atleta del viva la vida, que no necesita soltarse la melena para demostrar que lo suyo es el desmelene. Pero la melena se la suelta, y los cumpleaños los suele celebrar varias veces al año. Aunque el 22 de octubre, en concreto, cumple 55, según el DNI. Si nos fijamos bien, Pocholo siempre ha tenido un programa en la tele, porque allí donde va monta su show, que es un cruce de picnic, discoteca y desacato donde ejerce de animador de la afición entregada y, sobre todo, de sí mismo.

Pocholo Martínez-Bordiú

Le imitan mucho, pero quien mejor se imita es él mismo. Digamos que él no va a la tele, sino que la tele tiene que ir a él, que es un exótico con isla. Casó, hace ya, con la dulce Sonsoles Suárez, y tras separarse con discreción insólita, ha llevado una vida de golfo trotamundos con el corazón metido en la mochila. Dice que está soltero, porque no tiene una pareja, sino varias. Vive acampando en los amigos, organiza fiestas en la madrugada y va a las teles a pillar un pico para luego largarse a India, porque cuando más cerca está de sí mismo es cuando está muy lejos.

No hay quien le entienda, pero divierte. No hay quien sepa muy bien qué dice, pero sólo cuando está callado nos parece un extranjero, como un sueco de cómic vestido con sayas de oficiante y botas de punta. Le gusta escoltarse de gogós, y no habla nunca, o casi nunca, de su familia ilustre; le suele quedar lejos. Es más Pocholo que Martínez Bordiú.

“Ojalá volviera pronto a algún programa de televisión”

La rosa: Le gusta la tele, pero ahora dice que prefiere un programa donde estar sentado. De modo que se recuerda de pie, de agitador de plató, asomando a las tertulias como quien invade un cabaré.

Pocholo Martínez-Bordiú

El látigo: Cuenta la leyenda de Ibiza que entraba en moto hasta el centro de las pistas de las discotecas de moda. Pero el que siempre ha ido como una moto
ha sido él.

Pocholo Martínez-Bordiú

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11 de octubre de 2017

Pido un deseo para… Judit Mascó

Un día, ya casi remoto, Judit Mascó fue portada de la revista ‘Sports Illustrated’, el podio mejor de las maravillosas planetarias, y tronó para siempre su carrera. Su carrera era la de modelo, que es la misma de ahora, sólo que décadas después. Nuestra hermosa cumple el 12 de octubre 48 años.
Diríamos que milita en la perfección, aunque ya dijo el poeta que la perfección es sucesiva, con lo que la perfección, en rigor, no existe. Pero ahí está Judit Mascó, que va tirando a perfecta, aunque ella insistirá en que no. Pero recuerden aquí algunos datos: está felizmente casada con el abogado Eduardo Vicente, desde siempre. Tienen cuatro hijas prósperas como el mes de mayo, y el trabajo llega a ella como un don dorado, que no cesa. Atiende como nadie los requerimientos solidarios, no hay quien le encuentre un enemigo y sale en la tele o en los cócteles con una gracia soleada que es una personalidad. Escribo todo esto abreviando.


Viene de padres maestros, y nunca en su vida ha dado un susto. Yo la veo como una sueca de Cataluña que da a tope donde la pongas. Presentó un concurso de niñas monas que buscaban encumbrarse de modelos. No sé si hicieron poca o mucha carrera, pero cumplieron un carrerón de plañideras de prime time, porque lloraban por todo, ganaran o perdieran. Aquello era como un velatorio en minifalda.
Pero Mascó, que ya había triunfado en todos los concursos, no lloraba nunca en público, sino que sonreía como en un spot permanente, y hacía gestos que entusiasmaban a los fotógrafos del programa. Vengo a decir, con este detalle, que Mascó tiene un modo pulcro y forjado de conducirse en su oficio, que es la serenidad de parecerse mucho a ella misma. Fue única, en su gremio. Lo es.

‘‘Ojalá cundiera su ejemplo de pura naturalidad’’

La Rosa: Judit Mascó viene a ser como una Schiffer nacional, pero con más línea de elegancia. Inauguró el título de supermodelo, y la madurez la ha pillado en la mejor edad.
El Látigo: Con Eduardo Vicente tiene tres hijas, más otra adoptada, en Haití. A estas alturas de la vida, es una madre modelo y también un modelo de madre.

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