Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

17 de Agosto de 2017

Pido un deseo para Helen Lindes

Puede darse el caso de que la Miss vaya a más, pero algunas pueden ir a muchísimo, incluso, como Helen Lindes, una maniquí no de temporada y la pareja del gigante Rudy Fernández. Tiempo tiene, porque cumple el 17 de agosto 36 años de esplendor puro. Tiempo, y virtudes.

La conocimos de Miss España, en 2000, cuando las Misses iban a más y no a menos o a nada, como ahora, porque ya ni existen. Luego hemos visto que en papeles diversos y en la red infinita la incluyen en un ramo de otras fastuosas, aludiéndolas a todas como “wags”, palabra esnob con la que se quiere agrupar a las guapas compañeras de los deportistas planetarios.
El título de Miss España se lo llevó por clamor, y enseguida fue Dama de Honor de Miss Universo. Tenía 18 años, y desde ahí todo seguido hasta salir en el anuncio del café con Clooney y con Malkovich. Yo sus titulaciones de Miss las traigo aquí para avalar que superó esos triunfos rápidamente, para prosperar en la estirpe de las modelos que sí trabajan. Es lo que hacía antes de presentarse, con algo de desgana, a la lotería del Miss España, porque hasta ahí llegó después de una labor precoz, y suficiente, en las pasarelas extranjeras y en la fotos sin Photoshop.


Se casó con Rudy Fernández, por el rito del atardecer mallorquín, con un castillo del siglo XVII por testigo monumental, y en medio de una copa de amigos como Pau Gasol, Sergio Llull o Amaia Salamanca. La boda con Rudy fue un ejemplo poco frecuente de buen gusto, empezando o acabando por el escenario, en la bahía de Pollensa, con luz de crepúsculo. Habían cumplido cuatro años de noviazgo plácido. Fue a “Mira quien baila”, pero le puede quitar el éxito de un casting a Irina Shayk. Helen dirá que no, pero yo les digo que sí.

Ojalá la vida le sostenga el lema
próspero: de Miss a más

La rosa: Se cuenta por ahí que Rudy le montó a Helen, por sorpresa, una velada en Madrid, para pedirle el matrimonio, anillo incluido. Desde entonces hasta hoy, con bebé reciente.

El látigo: Misses hay muchas, pero el inventario de Misses provechosas, recientes y
en vigor, incluye a Helen, a Eva González, y pocas más.

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11 de Agosto de 2017

Pido un deseo para José Coronado

Coronado tiene podio de galán y esa fama la lleva entre la media sonrisa del pícaro y el gesto seguro de la resignación. Esa fama, o sea, él mismo, cumple 60 años el 14 de agosto. En su hemeroteca sentimental asoman los nombres de Esther Cañadas, cuando era Esther Cañadas, o Amparo Muñoz, también cuando era Amparo Muñoz. Asoma alguna duquesa o bien la consorte de estilo de un cantante de concurso. Si precisamos, igual nos sale un elenco de doble página. O más.


Nuestro hombre es un trueno. Mejor quedarnos en que en su biografía hay dos mujeres de importancia, de mucha vitola: Paola Dominguín y Mónica Molina. Con la primera tuvo un hijo, Nicolás, y con la segunda una hija, Candela. Rompió en las faenas de artista haciendo un anuncio de whisky, en Menorca, con dos suecas, y luego se ha llevado un Goya a Mejor Actor por “No habrá paz para los malvados”. Eso, entre otros reconocimientos diversos, y de quilate.


Coronado lo ha logrado. Tuvo larga racha de crápula, en el Madrid de la Movida, y de ahí tira de recursos cuando procede, porque la interpretación tiene para él una mitad de método y otra de instinto. O sea, que importa la biografía, naturalmente. Coronado, como actor, ha logrado un “cabezón”, de modo que es un Goya guaperas, un duro que las enternece, el “poli” más apolíneo del barrio. Ahora gasta greñas, y canas, y entradas, y las tres cosas le caen bien.
Tuvo un susto del corazón y vio lo que sabíamos: que la calle le quiere. Empezó cuando en lo suyo se repartían el tajo Antonio Resines, Imanol Arias y tres más, y ahí sigue, veterano de juventud, y guapo, aunque prefiera no oírlo. Sigue entre los escasos seductores de ahora, y de siempre, a los que no hay quien les quite una novia. Pero ni siquiera en la ficción.

‘‘Que el año le traiga lo que ya tiene: una vida de corazón contento’’

La rosa: Paola Dominguín, en su día, arriesgó que estaba enamorada del “hombre más guapo que pueda imaginarse”. Y ese hombre era José Coronado.

El látigo: Fue ligón imbatible, y acaso ahora es un seductor imbatible, que aún es más difícil, e importante. Le incomoda que la prensa pregunte más allá del cine, pero aguanta el tipo, y no se pone antipático.

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