Ángel Antonio Herrera – la Rosa y el Látigo

23 de noviembre de 2017

‘‘Ojalá Julián Muñoz tenga salud, y también arrepentimiento’’

El señor Muñoz tuvo un día un aire más bien arrogantón de moreno de copla. Era cuando ennovió con la Pantoja, que a su vez pilló cierto aire de alcaldesa folclórica y por libre del paraíso marbellí. Ha pasado tiempo de aquello, y hasta cárcel han cumplido los amantes. Qué irónica es la vida. Bajo libertad condicional, va a cumplir 69 años Julián Muñoz, el día 24 de noviembre. Salió de la trena por “razones humanitarias y dignidad personal”. De modo que la justicia tiene también su corazón.

Para Julián queremos salud, y queremos también arrepentimiento, que es como pedir salud para el pueblo de Marbella, al que no le sobran las razones de gratitud, hacia nuestro hombre. Julián Muñoz flipó con la cantante de “Marinero de luces”, y se dio a una vida de reinona de peineta, pero sin peineta y con pantalón de macho. Aquel noviazgo salió como salió.

Julián Muñoz

Muñoz ha sido un señor que hizo muy popular la plaza carcelaria de Alhaurín de la Torre en las peluquerías de toda España. Fue reo de amor, primero, y luego reo propiamente dicho. Ahora es un novio jubilado, y un jubilado de la cárcel. En un rato de permiso que le dieron, triunfó como el bigote con mejor caché de la tele, por encima del bigote de Íñigo y otros bigotes célebres. Ha sido un hombre millonario en causas pendientes, ante los tribunales, y un flojo poeta de exclusiva que glosaba la piel de una musa, de profesión cantante, que ya no quería oirle.

En las penúltimas épocas, iba muy torcido de salud. Suena por ahí que va mejorando. Y, la verdad, nos alegramos. Un día estuvo preso, pero preso de amor, que dicen los poetas. Y después le hemos venido viendo un poco o un mucho preso de sí mismo. Aunque ya tiene el gesto menos amargo, y mejor cara.

La rosa: Con Maite Zaldívar tuvo dos hijas discretas y prósperas, Elia y Eloísa, que han prestado consejo, según las rachas regulares o malas del padre.
El látigo: De Muñoz, cuando era la estrella del momento, supimos que tiraba la cerveza como un campeón, que coleccionaba pelucos de vitrina, y que prefería el pantalón no de tiro bajo.

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15 de noviembre de 2017

Pido un deseo para… Albert Rivera

Albert Rivera es el guapo de la política, con permiso de Pedro Sánchez. El miércoles 15 cumple 38 años. Fue, en su día, un zagal de estriptis, según histórica estampa promocional, y ahora es un treintañero al que le sienta de foto un traje de Hugo Boss.

Albert no suscribe nunca lo de guapo, mientras entorna la sonrisa. Allá por 2006, en su póster de arranque de campaña, salió ahorrando en calzoncillos. Aquella foto en bolas, bajo el lema “transparencia y sencillez”, seguro que no la cumplía ahora, pero tampoco la esconde, aunque prefiere que le recordemos su retrato con Naranjito. Pudiera parecer que con aquella foto de mozallón desnudo, presentara a un candidato a ‘estríper’, y no a un político de juventud que venía a enredar, entre rivales, y no sólo en Cataluña. De modo que está de moda, y de cumpleaños. Presenta siempre cierto optimismo de haberse enamorado anteayer, y la misma cara de muchacho contento con el traje, o con la camiseta.

Tiene una hija, Daniela, fruto de un amor del pasado. Le mola Loquillo y admira a Rafa Nadal. Afina en los zapatos y le pega al frasco de la Coca-Cola Zero. De muy joven, fue nadador de oficio, durante temporadas, y practicó el waterpolo. Como su imagen ha pillado gracia, y gancho, él ya ha respondido alguna vez por ahí que no tiene tiempo para planchar, y a veces tampoco para lavar. Es un modo de decir que la imagen cuenta, pero que no está en el “puro postureo”, como le censuró Rosa Díez.

Estas naturalidades no son frecuentes en un político, como tampoco el ir al grano declarando que “el sexo sin amor es muy satisfactorio”. Parece que lleva siempre la sastrería muy bien planchada, y las cosas que dice, en mitin o en la tele, le lucen también muy bien planchadas. Hace spinning, y le da aún a la natación.

La rosa: Hace pareja con Beatriz Tajuelo, una chica de encantos que fue azafata, y que desde hace poco se desempeña en las labores de promoción
y comunicación del cantante Miguel Poveda.
El látigo: Hay en la política un club disperso de guapos, que reúne, citando deprisa, a Pedro Sánchez, Borja Sémper, Alberto Garzón, Toni Cantó, y Albert Rivera, que es el que está más de moda.

“Ojalá nunca se le acabe la naturalidad, que es la primera elocuencia”

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