Un funeral y una boda muy fúnebre
La vida, que es irónica, ha reunido en los días la boda de Telma Ortiz y el funeral del padre de Iñaki Urdangarín. La vida es una mitad de champán, y otra mitad de pena, y nunca se sabe qué mitad toca.
Telma se ha casado con Jaime del Burgo Azpíroz, en una ceremonia secreta que habría sido la gran noticia sorpresa del año, si esta revista, en exclusiva, no hubiera dado el campanazo de alerta, hace nada. Dicen que los hermanos del novio se enteraron al detalle de la celebración sólo un rato antes. Luego, todo se hizo verdad en el monasterio de Leyre, en Navarra, bajo una intimidad de siete familiares.
Telma ha cumplido, además del obvio deseo de casarse, su afán por llevar una vida oculta, sólo que es oculta hasta que deja de serlo. Estamos hablando de la hermana de la princesa Letizia, y ese vínculo supone inevitablemente “proyección pública”, por explicarlo en palabras de la juez que, hace años, desestimó la solicitud de Telma de no ser fotografiada. Perdió por goleada.
Puede comprenderse que alguien como Telma aspire al “vivir oculto”, que aconsejaban los clásicos. Telma y, por supuesto, su reciente marido. Éste, por cierto, ya ha hecho causa común con su esposa desde un artículo, en “El Mundo”, experto también en noticias de celebridades, donde atribuye a la prensa rosa o crónica social un funcionamiento de mafia, con empleo de “métodos criminales en la consecución de sus objetivos”. Nos brinda, además, la noticia de que residirán en el extranjero, a la búsqueda de un “punto y final” a una vida de acoso que no es vida.
Pues muy bien. Pero con la ley en la mano, sabemos que Telma y su pareja tienen “proyección pública”. No hemos tenido el álbum de fotos de la alegría nupcial de los contrayentes, y sí, por contra, la escena familiar del luto de Urdangarín, la infanta Cristina y sus hijos despidiendo al padre del duque de Palma. Unos días hay boda. Otros velatorio. Eso es la vida, que acaba de dar sus dos caras contrarias con protagonistas de familia política. Eso es esta crónica. Una sincera enhorabuena. Y un pésame. Igualmente sincero.








